Llámame María. Lo otro es demasiado largo hasta para mí.
Mira, la vida ya es bastante seria como para que encima las conversaciones sobre lo que te preocupa sean un funeral. No digo que nos vayamos a pasar la sesión riéndonos, pero sí creo que el humor tiene un sitio en todo esto. A veces reírte de una situación es lo que te permite verla con distancia y encontrar una salida que antes no veías.
Me especializo en estrés y en esas preocupaciones que se instalan en la cabeza y no se van. Ya sabes: ese pensamiento que te despierta a las tres de la mañana, esa inquietud que no se corresponde con nada concreto pero que no puedes quitarte de encima, esa sensación de que todo puede salir mal en cualquier momento. Trabajo contigo para que esos pensamientos dejen de dirigir tu vida.
También me gusta explorar el tema del amor propio. Cómo te hablas, qué te exiges, cuánto permites que los demás esperen de ti. Porque muchas veces el estrés no viene de fuera. Viene de dentro, de un nivel de autoexigencia que es simplemente insostenible.
Mi estilo es cercano, informal y sin protocolos innecesarios. No te voy a hablar como si leyera de un manual. Te voy a hablar como lo que soy: alguien que quiere ayudarte a vivir con menos agobio y más tranquilidad.
Así que si llevas una temporada con el estrés por las nubes y necesitas que alguien te eche una mano sin ponerse dramática, aquí estoy.